Uno de los enigmas más fascinantes de la ciencia es el origen de la vida. Por el momento, se han realizado numerosos experiementos combinado los ingredientes químicos que se sabe que deben estar presentes para que surga la vida a una presión y temperatura  similares a las que había en el momento en el que se cree que dio comienzo la vida en este planeta, pero jamás se ha conseguido que la materia muerta cobre vida. Incluso hay una hipótesis científica que promulga que la vida no surgió en la Tierra sino que llegó a este planeta a bordo de un meteorito. Aunque esta hipótesis no se considera muy probable y, en cualquier caso, no haría más que trasladar el problema a otro lugar, tampoco es posible descartarla por completo porque aún no hay evidencia científica de que pueda nacer la vida en las condiciones que se han dado en este planeta.
Tal vez sería interesante abordar este problema desde otro punto de vista. En lugar de hablar de productos químicos, presión y temperatura, quizás sería interesante pensar en sistemas capaces de llevar a cabo operaciones y las operaciones que son precisas para que surja la vida. Por ejemplo, ¿es la capacidad de replicarse la que confiere la vida?, ¿es necesario que un sistema pueda adaptarse a las condiciones de su entorno para que cobre vida? Si nos olvidamos del aspecto físico y pensamos en las características lógicas que subyacen de la vida, tal vez se podrían llegar a conclusiones útiles. Por ejemplo, a medida que aumenta la capacidad de los ordenadores, hay quien ya comienza a cuestionarse si su inteligencia les llevará a convertirse en una amenaza para la raza humana. Desde el punto de vista físico, tal vez resulta impensable que un aparato construido a partir de componentes inorgánicos tengo derecho a ser considerado como un ser vivo. No obstante, si pensamos que sus operaciones son indistinguibles de las que realiza un ser orgánico, quizás deberíamos preguntarnos si es nuestra definición de vida la que está equivocada.

Y, por si fuera poco interesante la posibilidad de crear vida diseñando sistemas que cumplan determinadas especificaciones, tal vez sea aún más interesante la opción radicalmente opuesta, porque si llegásemos a saber cuál es la raíz lógica de cualquier organismo vivo, también seríamos capaces de construir sistemas que supiéramos con total certeza que jamás cobrarán vida.