La fusión de diferentes dispositivos parece ser tendencia en estos momentos. En pocas palabras, los usuarios quieren llevar cada vez menos dispositivos que hagan más cosas. Los reyes de esta moda son, sin duda, los teléfonos inteligentes, que aúnan junto a sus funciones características muchas otras, como de un reproductor musical o las ya casi extintos walk-man con las posibilidades de una cámara digital, hasta el punto de colocar a los fabricantes de cámaras compactas en serios apuros y probablemente conseguirían amenazar a muchos otros dispositivos si no fuera por las cuestiones, todavía no resueltas, de duración de la batería.

No obstante, hay dos dispositivos que conviven en el mercado en un difícil equilibrio, ya que cumplen funciones muy similares y con formatos prácticamente indistinguibles a simple vista: la tableta y el libro electrónico. En principio, las diferencias parecen claras: el libro electrónico emula al máximo las características de un libro tradicional de panel y la tableta debe permitir una mayor interactividad con el contenido, con una velocidad y animaciones que el libro digital aún no puede ofrecer.

Pero, tal como ocurre con los móviles, tal vez esas fronteras no estén tan claras y los avances pueden desdibujarlos aún más. Imaginemos que estamos en nuestro sofá favorito o en un asiento del autobús y, mientras navegamos por Internet nos encontramos un documento o una página web especialmente extensa que preferiríamos leer con mayor comodidad que la que ofrece la pantalla, excesivamente brillante para estos menesteres, de una tableta.

Una tableta que pudiera convertirse en libro electrónico con solo pulsar un botón (ya sea físico o mostrado en la pantalla), encajaría perfectamente en estas situaciones, ofreciendo una lectura más cómoda y, además, ampliando la autonomía del dispositivo, ya que cuando estuviera en modo de libro sería posible relajar los requisitos de interacción y luminosidad de la pantalla. Una posible solución tecnológica sería intercalar, debajo del vidrio protector, dos láminas independientes visibles, una para la tableta y otra para el libro digital.

Tal vez conforme avance la tecnología, sea posible crear tabletas con resoluciones tan espectaculares que no tengan nada que envidiar al inimitable granulado del papel, con duraciones de batería que cuando recarguemos el dispositivo ya hayamos olvidado la última vez que lo hicimos. Sin embargo, por el momento dichas tecnologías parecen bastante lejanas y, tal vez, una empresa que presente un dispositivo que combine estas funciones podría marcar una diferencia en un mercado cada vez más competitivo.